Esta forma de democracia, la más extendida en la actualidad, se caracteriza por que la
soberanía popular está delegada en las instituciones gubernamentales que ejercen la
autoridad en nombre del pueblo. Supone que la titularidad y el ejercicio del poder
político, de la soberanía, son distintos: la titularidad es del pueblo (en caso contrario no
sería una democracia) pero la ejercen sus representantes electos.
En la práctica, el esquema funcional de la democracia representativa se consolidó en el
siglo XIX y se funda en una separación entre los tres órganos o poderes (legislativo,
ejecutivo y judicial) que se ocupan de los actos del estado en tres esferas distintas:
• Elaboración y aprobación de las leyes (legislativo).
• Administración y ejecución de las leyes (ejecutivo).
• Aplicación de sanciones a quienes no cumplen las leyes y resolución de conflictos
(judicial).
La espina dorsal es el legislativo como representante de los ciudadanos y depositario de
la soberanía popular. Ejecutivo y judicial derivan, en última instancia, del legislativo y
se subordinan a él. Se presupone que el mandato representativo se renueva
periódicamente mediante elecciones regulares en el tiempo.
Cuando se habla de
“reflejar y expresar la voluntad popular” se habla en sentido metafórico. En realidad, la
voluntad popular siempre es establecida por el colegio que detenta el poder legislativo,
no por los ciudadanos. La idea de la representación mediante elecciones solo se
convierte en algo tangible cuando la libertad de acción de los representantes esté
jurídicamente limitada a los deseos de los representados.
En realidad, la democracia representativa es un tipo de gobierno cuyos actos presentan
una correspondencia relativamente estrecha con los deseos de relativamente muchos de
los representados. La borrosa noción de “soberanía popular” se reformula en términos
de las oportunidades que tienen los ciudadanos de expresar sus preferencias al gobierno.
De este modo se consigue que las preferencias de los ciudadanos se tengan en cuenta en
términos igualitarios, sin discriminación en cuanto a contenido y origen. Según Dahl,
uno de los pensadores contemporáneos que más esfuerzos ha dedicado al análisis crítico
de la democracia moderna, para que esto sea posible son necesarias una serie de
Garantías.
Las más habituales son:
1. El control de las decisiones gubernamentales corresponde a funcionarios electos.
2. Los funcionarios electos son elegidos y pacíficamente sustituidos por otros mediante
elecciones libres e imparciales relativamente frecuentes.
3. Prácticamente todos los adultos tienen derecho a votar en tales elecciones.
4. La mayoría de los adultos tiene derecho a ocupar cargos públicos presentándose
como candidato a las elecciones.
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